Cientos de mariposas de cristal batían sus alas incesantemente sobre el asfaltado aquel día gris. De efímera existencia, se fundían unas con otras para formar mariposas más pequeñas que se deslizaban por la carretera hacia su irremediable muerte en los desagües. Así se veían las gotas de lluvia que caían sobre el suelo para abrir sus alas y extenderlas sobre el pantalón de aquel joven de vestimenta distraída. "¡Que venga el sol!" decía el muchacho. "Que venga el sol y nos haga volar con microscópicas alas para así encontrar nuevas calles en las que danzar y, por qué no, ojalá al ir al norte, quedar convertidos en sendos copos de nieve, inmortalizados bajo la presión de los restantes siete mil millones, y otros tantos cristalitos, para que juntos formemos un glaciar".
...Por: David Andrés Casilimas Díaz...
miércoles, 6 de mayo de 2015
jueves, 4 de diciembre de 2014
505
La habitación 505 del Hotel AM se abrió por primera vez hace
algunos meses. En ella esperé en medio del humo de unos viejos Lucky Strike que
había guardado hacía cerca de diez años el día en que prometí no volver a
fumar. Me embriagué por cinco días con el alcohol de las memorias que
impregnaban cada uno de los rincones de la estancia. Lo destilé a punta de
recorrerlos y exprimirlos contra mi cabeza. A las diez con cincuenta y un minutos
de la mañana, justo cuando iniciaba el día seis, me asomé por la ventana. Coloqué
un pie en el alféizar y empujé con fuerza. Me quedé allí tambaleando mientras
la ropa se congelaba por pedazos con el viento invernal y los pequeños
carámbanos de hielo que éste traía. Sentí que ya no apestaba más. El olor que
se había acumulado los días anteriores en esa ropa, una que no me quería
cambiar, desapareció. O por lo menos se había neutralizado con el frío.
Abajo en la calle personas y automóviles pululaban. Si bien
era un sector de oficinas, no entendía por qué ese día había una cantidad tan
inusual de taxis negros cuyos modelos no
superaban el año 85. Aún tenía calientes los dedos de los pies. Encontraba mucho
más agradable el contraste del pulgar con el vacío que con la negra lámina de acero sobre la que estaba parado.
Parecía que a excepción de mi cuerpo, el resto de cosas carecían completamente
de color.
In my imagination you're waiting lying on your
side with your hands between your tights.
Al mirar hacia
adentro, la cama estaba vacía. Aun ahora
puedo observar la escena en mi mente como si estuviera pasando ahora mismo. <<Doy
un pequeño salto que me coloca justo frente al radiador que calienta la
habitación. A menos de un paso de distancia está el colchón, me giro y caigo
sobre unas sábanas inmaculadas. Sentado con la cabeza entre las manos y los
codos en las rodillas busco lo que me haga falta para poder salir de allí. Una
media y luego la otra… ¿Dónde dejé mis
zapatos? Creo que uno cayó bajo la cama y el otro quedó junto al vestidor a la entrada del baño. Al agacharme, siento
el calor irradiado por ese acordeón blanco casi empotrado en la pared, las
construcciones de mediados del siglo pasado aún conservan aterradoras calderas
en sus sótanos para sobrellevar la inclemencia del invierno. Sin embargo, el
hotel no tiene más de 10 años de haber sido construido.>>
Efectivamente, encontré mi zapato derecho bajo la cama, me
lo puse y di unos cuantos saltos para llegar al vestidor, algo completamente
absurdo puesto que ya había deambulado descalzo por todo el lugar. Amarré los
cordones del pie izquierdo y me coloqué el abrigo de lana Melton que había
dejado en el perchero de madera junto a la puerta. En cuanto lo tuve puesto
recordé porqué lo había comprado, eran esos sutiles pespuntes que lo ajustaban
a la silueta los que hacían que al usarlo, aun cuando soy bastante cuadrado y
alto, no pareciera un refrigerador. Este simple hecho me hizo sentir erguido y
fuerte, con más determinación que nunca para abandonar la habitación. Vacilé
dos segundos antes de cerrar la puerta con llave.
Ya no se podía extraer una gota más de licor de aquel
cuarto.
***
lunes, 24 de noviembre de 2014
Breve Análisis del Libre Albedrío: una Perspectiva Evolutiva.
El problema del libre albedrío (LA) ha sido abordado tradicionalmente
por los filósofos y más recientemente por la psicología cognitiva,
comportamental y las neurociencias. Aun cuando en dichas áreas existan algunas
posturas frente a la existencia o no del libre albedrío, el proceso evolutivo
de los organismos puede proveer información relevante para la discusión.
Teniendo en cuenta que el fenómeno del LA ha sido adjudicado a
nosotros, los seres humanos, y, en algunos casos, a otros animales cercanos
pero nunca a otras entidades no vivas, el problema sobre la existencia o no del
fenómeno es claramente uno que atañe a la biología. Especialmente a la biología
del comportamiento.
El gran Biólogo y genetista ucraniano Theodosius Dobzhansky (1973)
acuño acertadamente la frase “nada en la biología tiene sentido si no a la luz
de la evolución” al usarla como título del famoso artículo publicado en “The American Biology Teacher”. De esta
manera, y resumiendo, si el problema del libre albedrío es también de la
biología del comportamiento, y ésta solo tiene sentido desde la perspectiva
evolutiva, es preciso entonces examinar el fenómeno desde dicha óptica. Sin
embargo, antes es necesario definir de forma más explícita algunos conceptos.
La aceptación o no del libre albedrío guarda una estrecha relación con
la posición asumida sobre la naturaleza del universo: determinismo causal,
comportamiento estocástico o algún punto intermedio entre esos dos extremos (Fischer,
Kane, Pereboom, & Vargas, 2007).
En un sistema determinístico todos los eventos dependen necesariamente
de las condiciones previas, hasta el más mínimo detalle. Esto hace que los
hechos sean consecuencias estrictas del estado del sistema en cuestión (Schulz
& Sommerville, 2006; Warfield, 2000). El determinismo causal ha sido la
visión más aceptada por la academia, sin embargo, con el surgimiento de la
mecánica cuántica aparecieron muchos interrogantes para los deterministas. Si
bien estos constituyen un gran desafío, el comportamiento probabilístico
derivado del principio de incertidumbre de Heisenberg, está restringido a la
escala cuántica siguiendo las consecuencias que tiene la magnitud de la
constante de Planck en niveles macro (Chaddha, 2006).
Por otro lado, un sistema estocástico es caracterizado por la
aleatoriedad y la ausencia de causalidad, esto es: la ocurrencia de un evento
es independiente del estado previo del sistema y no mantiene relación alguna
con eventos anteriores o futuros. El último escenario es aquel en el que los
fenómenos de la realidad presentan componentes determinísticos y aleatorios (Fischer
et al., 2007).
La comprensión de los modelos anteriores es vital para la proposición
de hipótesis sobre la existencia o no del LA. Sólo haría falta una definición
más, una fundamental. ¿Qué es el libre albedrío?
Existen diversas definiciones de este concepto, la diferencia
generalmente radica en la intención que tenga el autor de aceptar o rechazar
una posición dada. El problema del LA aparece desde la antigua Grecia cuando
las personas se comenzaron a preguntar si tenían pleno control de sus actos o
si éstos estaban determinados por factores ajenos a ellas mismas. Tragedias
como “Edipo Rey”, de Sófocles, o “Medea”, de Eurípides, muestran la idea de un
destino establecido por los reyes del Olimpo, plasmado en la forma “Deus ex machina”. Las acciones son
determinadas por dios arbitrariamente.
Después del romanticismo, y con la llegada del método científico y la
filosofía moderna, el determinismo causal estableció que el universo se rige
por reglas básicas. Las dos opciones, “deus ex machina” y determinismo causal,
apuntan a una definición de LA en la cual, para existir, el agente debe tener
la plena posibilidad de actuar de forma distinta a lo establecido por las leyes
naturales o por la voluntad de los dioses. Estas posiciones se conocen como
determinismo radical y determinismo teológico, respectivamente. Las dos
rechazan la existencia del libre albedrío (Fischer et al., 2007).
Paralelamente, los teóricos que rechazan el determinismo se dividen en
dos corrientes: libertarianismo e incompatibilismo pesimista. La primera asume
que puesto que el universo no es determinista, el libre albedrío tendría
cabida, ya que el sujeto no está atado a sus condiciones previas. La segunda,
mucho más sensata a mi parecer, establece que incluso si el universo fuera
estocástico, no existiría el LA, pues las acciones de los sujetos no serían
determinadas por ellos mismos si no por el azar.
En este punto solo resta una última combinación: quienes aceptan la
existencia del determinismo y a su vez del libre albedrío, el compatibilismo.
Esto puede lograrse de dos formas: la primera es mediante una falacia semántica
en la que el significado de libre albedrío cambia y establece que los agentes
son libres en tanto las pulsiones que en ellos surjan – aun cuando sean
generadas por causas genéticas, ambientales o históricas – puedan expresarse
sin sufrir represión por parte de otros individuos. Decir que la rosa vuela
porque mi canario se llama “Rosa” es un absurdo, es por esto que cambiar la
definición de libre albedrío constituye una falacia o por lo menos una
respuesta ad hoc frente a un problema
complejo. Sin embargo, dicha definición es empleada por filósofos como Daniel
Dennett (1981) quien se incluye entre los compatibilistas.
La segunda versión de compatibilismo es justamente aquella que puede
ser evaluada desde el punto de vista evolutivo para determinar su
plausibilidad, el libre albedrío como una propiedad emergente.
Las propiedades emergentes son irreducibles en tanto que sólo aparecen
cuando múltiples unidades relacionadas trabajan de forma conjunta, la
diferencia entre las propiedades moleculares y molares es mayor a medida en que
aumenta la complejidad de las interconexiones entre los subsistemas. Uno de los
efectos principales y más asombrosos de la evolución es precisamente la
aparición de sistemas complejos, si bien el aumento de complejidad no es un
objetivo del proceso evolutivo, es esto lo que ha ocurrido en numerosos taxa (Maynard
Smith & Szathmáry, 2000).
El aumento en la complejidad de los sistemas genera que el
comportamiento de los mismos dependa de una mayor cantidad de factores, los
cuales ejercerán un mayor o menor efecto sobre el mismo. Cuando las condiciones
iniciales del sistema son altamente sensibles a variaciones, por pequeñas que
estas sean generarán una gama enorme de posibles resultados. Esta
característica define apropiadamente a los sistemas caóticos (Gleick, 2011),
regresaremos a este punto al describir las características de las causas
últimas del LA.
A lo largo de la evolución han sido alcanzados diferentes niveles de
complejidad y en cada uno de ellos están presentes diversas propiedades
emergentes, de hecho la reproducibilidad del ADN es una propiedad emergente
derivada de las propiedades primarias, secundarias y terciarias de esta
molécula. Sin embargo, el LA ha sido adjudicado casi que exclusivamente a los
seres humanos, especie que difiere esencialmente de las demás, al parecer, por
su capacidad de desarrollar lenguaje (Maynard Smith & Szathmáry, 2000).
Siguiendo este razonamiento, es de esperar que si el libre albedrío es una
propiedad emergente, éste pueda ser rastreado filogenéticamente. Encontrar sus
causas próximas y sus causas últimas.
En este punto es necesario aclarar que el libre albedrío no es un
comportamiento sino un paradigma bajo el cual se puede ejecutar o producir comportamiento.
Así, al momento de analizar las causas próximas o últimas, lo que tenemos que
evaluar es si la forma en que los comportamientos son ejecutados se ajusta, o
no, a dicho paradigma.
Para que el sujeto tenga control de sus comportamientos es indispensable
que sea consciente de la decisión que va a tomar – lo cual de hecho implicaría
un ente metafísico independiente de todo el sistema físico que actúa sobre el
organismo – y sólo después sean movilizados los mecanismos para ejecutar el
comportamiento. Sin embargo, varios estudios han evaluado los procesos de
activación cerebral durante tareas de toma de decisiones y ejecución de las
mismas con resultados contrarios a la hipótesis planteada al inicio de este
párrafo (Smith, 2011). En efecto, Fried et
al., (2011) encontraron activación cortical previa (aproximadamente 1,5
segundos antes) al tiempo en el cual un participante indicaba que surgía la
intención de ejecutar un comportamiento específico como mover un dedo. Lo más
interesante es que los investigadores consiguieron predecir la decisión del
participante en un 60% de los casos. Estos descubrimientos apuntan a que las
decisiones son tomadas mucho antes de que el sujeto sea consciente de lo que va
a hacer después, en este sentido el comportamiento en respuesta a estímulos
ambientales en conjunto con el estado del organismo simplemente ocurre.
Posteriormente el cerebro procesa la información y la hace consciente,
generando la ilusión del libre albedrío.
Resulta sumamente excitante preguntarse cuál puede ser el valor
adaptativo de dicha ilusión. Vohs y Schooler (2008) realizaron un estudio en el
cual fue evaluada la frecuencia con que los participantes hacían trampa en un
juego de computador en dos grupos de sujetos. El primero tenía que leer, antes
de jugar, un texto explicando el determinismo y cómo este concepto negaba la
existencia del LA; el segundo grupo leyó un texto neutral también antes del
juego. Curiosamente los sujetos del grupo instruido a no creer en el libre
albedrío hicieron un mayor número de trampas.
En un segundo experimento, los participantes hacían un test que sería
corregido por ellos mismos sin supervisión o forma alguna en que alguien
conociera los resultados de la prueba. Después ellos recibirían un dólar por
cada respuesta correcta. Nuevamente los sujetos que leyeron textos relacionados
al determinismo fueron quienes obtuvieron mayores sumas de dinero. Aun cuando
el estudio presenta un sesgo debido a que no se pudo establecer si las sumas
ganadas eran por causa de fraude o porque los sujetos efectivamente tuvieron un
mejor desempeño en las pruebas, los resultados sugieren que existe una
tendencia a actuar de forma inmoral más frecuentemente en los participantes
alentados a no creer en el libre albedrío (Vohs y Schooler, 2008).
Los autores proponen que el incremento del comportamiento inmoral
puede deberse a una pérdida de la responsabilidad inducida al conocer que el
sujeto no tiene control consciente de sus decisiones. Si ponemos estos
resultados en paralelo con lo encontrado en el famoso experimento Milgram
(1963), es posible pensar que la noción de liberarse de la responsabilidad
sobre un hecho permita una mayor ocurrencia de comportamientos inmorales, bien
sea por la descarga de la responsabilidad en una figura de autoridad o en la
“respuesta automática” del propio organismo.
Parece, entonces, que la ilusión del LA tiene un rol importante en la
motivación de los individuos al hacer énfasis en la idea de que son
responsables de su propia conducta y por tanto facilitando la ejecución de
algunos comportamientos, en este caso relacionados al sentido moral que ha
probado elevar el fitness a niveles poblacionales (y no exclusivamente
individuales) al favorecer comportamientos altruistas.
Este tipo de comportamiento es posible por la complejidad de nuestro
sistema nervioso y la información almacenada en forma de lenguaje, por lo que
podemos considerarlo como una propiedad emergente. En este tipo de dinámicas el
número de factores involucrados es descomunal y junto con la complejidad de
procesamiento de dichos factores por el propio sistema, se hace casi imposible
predecir en muchas ocasiones cuáles serán las respuestas de un organismo. No
obstante, el que algunos comportamientos no puedan se predichos, no elimina el
determinismo de la misma manera en que la imprevisibilidad del clima no hace
que la atmosfera posea libre albedrío o deje de presentar un comportamiento
caótico. Mucho menos implica la existencia de un ente metafísico.
Como demostraron Vohs y Schooler (2008), la noción de paradigma bajo
el cual el comportamiento es generado puede cambiar la forma en la que el
sujeto actúa, por esto es preciso estudiar más profundamente las causas últimas
de la ilusión del libre albedrío y cuáles pueden ser las ventajas de
reconocerla como tal. Es probable que una consecuencia al asumir la
inexistencia del LA sea disminuir la carga emocional en procesos de resolución de
conflictos, focalizando las energías en el tratamiento, corrección o control de
los sujetos involucrados. De cualquier forma, estas hipótesis deben ser puestas
a prueba para obtener conclusiones pertinentes.
Referencias:
·
Chaddha, G. S. (2006). Quantum Mechanics (p.
574). New Age International. Retrieved from http://books.google.com/books?id=Bzj2JcPeAHAC&pgis=1
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Dennett, D. C. (1981). Brainstorms:
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Press. Retrieved from http://books.google.com.br/books?id=_xwObaAZEwoC&dq=daniel+dennett+free+will&lr=&hl=es&source=gbs_navlinks_s
·
Dobzhansky, T. (1973). Nothing in biology makes
sense except in the light of evolution. The American Biology Teacher, 35,
125–129. Retrieved from http://books.google.com/books?hl=en&lr=&id=3ULyAgAAQBAJ&oi=fnd&pg=PA273&dq=Nothing+in+Biology+Makes+Sense+Except+in+the+Light+of+Evolution&ots=jZ92BUmuqm&sig=LOqOXUyBWcfu9YLtvMbcZQeSazg
·
Fischer, J., Kane, R., Pereboom, D., &
Vargas, M. (2007). Four views on free will. (J. Fischer, R. Kane, D. Pereboom,
& M. Vargas, Eds.)Philosophical Review (Vol. 118, pp. 409–413). Oxford,
UK.: Blackwell Publishing Ltd. doi:10.1215/00318108-2009-012
·
Fried, I., Mukamel, R., & Kreiman, G.
(2011). Internally generated preactivation of single neurons in human medial
frontal cortex predicts volition. Neuron, 69(3), 548–62. doi:10.1016/j.neuron.2010.11.045
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Gleick, J. (2011). Chaos: Making a New Science.
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Maynard Smith, J., & Szathmáry, E. (2000).
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Maynard Smith & E. Szathmáry, Eds.) (p. 192). United States: Oxford
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Milgram, S. (1963). Behavioral Study of
Obedience. Journal of Abnormal Psychology, 67, 371–8. Retrieved from http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/14049516
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Schulz, L., & Sommerville, J. (2006). God
Does Not Play Dice: Causal Determinism and Preschoolers’ Causal Inferences.
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Smith, K. (2011). Neuroscience vs philosophy:
Taking aim at free will. Nature, 477(7362), 23–5. doi:10.1038/477023a
·
Vohs, K. D., & Schooler, J. W. (2008). The
value of believing in free will: encouraging a belief in determinism increases
cheating. Psychological Science, 19(1), 49–54.
doi:10.1111/j.1467-9280.2008.02045.x
·
Warfield, T. A. (2000). Causal Determinism and
Human Freedom are Incompatible: A New Argument for Incompatibilism. Nous,
34(s14), 167–180. doi:10.1111/0029-4624.34.s14.9
viernes, 21 de noviembre de 2014
El Papel de la Verdad en la Resolución de Problemas
Hace algún tiempo escribí una
entrada Sobre La Verdad Absoluta, en la cual resaltaba la importancia de tener
dicha noción y así evitar darle cabida a cuanta payasada se les ocurra
intentarnos vender a los estafadores cuánticos, ayurvedas, religiosos o
pseudocientíficos en general. Sin embargo, usando palabras de Bunge, “existen
un tipo de oscurantistas camuflados entre los ilustrados”. Estos nacieron
de la corriente posmoderna, comparten muchas de sus tesis y se hacen llamar
Pragmatistas aludiendo a su visión funcionalista del conocimiento.
Para esta corriente, sólo es
verdadero aquello que funciona y aseguran que así se enfocan, según ellos, en
el mundo real objetivo. Tenemos que tener en cuenta aquí dos aspectos de
relevancia: 1) los posmodernos no aceptan la existencia de la verdad, pues todo
son construcciones sociales o meros juegos lingüísticos (según Rorty); 2) La
funcionalidad de la cual nos hablan los pragmatistas, generalmente es referida
a una comunidad específica, a ellos les gusta dividir los grupos humanos en
comunidades lingüísticas, de modo que un concepto puede ser funcional en una
comunidad y no serlo en otra sin que eso genere mayor conflicto con la
veracidad del mismo. De este modo es evidente la relativización de lo verdadero
(funcional). Sin embargo, analizando la premisa inicial, la verdad sería
subjetiva al igual que la funcionalidad, lo que está completamente opuesto a su
conclusión “enfocarse en el mundo real objetivo”.
Ya en la entrada anterior
descubrimos que la existencia es independiente del sujeto cognoscente, de hecho
este principio es casi axiomático para la ciencia. Hemos de partir de la
existencia de un mundo externo, “la realidad es ontológicamente independiente
de cualquier sujeto cognoscente”.
Así pues, resulta absurdo afirmar
que la veracidad de un postulado depende exclusivamente de la utilidad de
asumirlo. La búsqueda de la funcionalidad es en últimas la búsqueda de la
verdad, pues es a través del acercamiento a lo real que es posible resolver problemas
de manera más efectiva.
Consideremos un problema
hipotético: se diseña un laberinto, cuyas paredes están conformadas por dos
tipos de árboles tupidos: uno espinoso y otro con un bajo contenido de una
toxina X en sus hojas pero sin espinas. Este laberinto separa a una comunidad
de su fuente de alimento (el cual desprende un olor muy característico y
distinguible a gran distancia, por cierto). Dicho laberinto hace parte de lo
real, pues su constitución es independiente de qué o quienes se pongan en él.
Para nombrar algunas de las propiedades que componen el escenario en términos
de lo real diremos que:
- Existe
un único camino despejado que permite el paso
- La
comunidad está asediada por la malaria (parásito transmitido por un díptero).
- La
gravedad del lugar genera una aceleración de los objetos a 10m/s2
- El
contenido de la toxina en las hojas del árbol sin espinas es muy hidrofílico,
se evapora por encima de los 70°C.
- La
toxina X puede ser utilizada como repelente de insectos.
- Las
ramas de los árboles son elásticas y pueden ser apartadas con un nivel de
fuerza moderado para permitir el paso.
- La
elasticidad de las ramas depende directamente de la temperatura a la que se
encuentren, ganando rigidez absoluta bajo los 10°C.
- La
temperatura durante el día es en promedio 25°C y en la noche 4°C.
- El
camino despejado que conduce por la vía más rápida a la comida se ha
enriquecido con bacterias con bioluminiscencia infrarroja.
- Los
caminos adyacentes contienen sustancias que inhiben el crecimiento de las
bacterias bioluminiscentes.
- Las
hojas de los árboles sin espinas contienen todos los nutrientes necesarios para
la alimentación de los individuos de la comunidad vecina.
- Los
árboles tienen, todos, una altura mínima de 20m.
- Se
realizó, a la entrada del laberinto, un cultivo de bacterias con
bioluminiscencia (en el espectro visible de la luz) que demarca el mapa del
mismo, la luz de dichas bacterias es tan tenue que sólo se puede apreciar de
noche.
Ahora evaluemos el desempeño de
algunos individuos con diferentes niveles de percepción del contexto que los
rodea: un ciego, un anósmico (no percibe olores), un individuo con
insensibilidad al dolor, y dos sin mayores deficiencias sensoriales. El
objetivo de este estudio es determinar cuál de los individuos obtiene el mayor
beneficio del ambiente que lo rodea.
Evidentemente es posible que
todos lleguen a poder alimentarse y sobrevivir cada uno con una técnica
diferente. El ciego podría no llegar a saber nunca que debe atravesar un
laberinto y así, movido por el olor de la comida, pasar de vez en cuando entre
los arbustos sufriendo heridas y dolor en sus búsquedas iniciales. Es probable
que con el tiempo logre evitar los arbustos espinosos pero esto le costará
tiempo y bienestar (a causa de las heridas iniciales).
Ahora bien, un anósmico no sabrá
que al otro lado del laberinto hay comida. En su necesidad de alimentarse puede
intentar comer las hojas de los arbustos del laberinto, las cuales, a pesar de
proporcionarle algunos nutrientes, también van acumulando restos de la toxina
en su organismo lo cual acabará por causarle la muerte.
Un insensible al dolor podría
pensar que corta camino pasando entre los árboles pero no se da cuenta de
muchas de las heridas que se ha causado con las espinas, lo cual deteriorará su
calidad de vida y lo someterá a correr un mayor riesgo de infecciones.
Un sujeto sin mayores
deficiencias podría intentar hallar el camino notando la presencia de las
espinas, guiado parcialmente por su olfato y notando si se ha causado daño de
forma imprevista. El segundo sujeto sin deficiencias sensoriales tiene las
mismas ventajas del anterior, sin embargo éste último decide hacer una pequeña
entrada en el laberinto en dos momentos del día diferentes, el hecho de recoger
datos no solo en un lapso temporal (día) sino en varios (también en la noche)
le permitirá notar que a la entrada se encuentra un diagrama del laberinto que
podrá copiar y resolver desde afuera, haciendo mucho más fácil la tarea de
encontrar el alimento.
¿Qué ha marcado la diferencia en
el éxito de nuestros participantes?
Evidentemente la cantidad de
información a la cual tenían acceso. Quienes sólo percibían algunos aspectos de
lo real tenían más problemas para encontrar soluciones adecuadas. Si hubiera algún individuo que por ejemplo
descubriera la radiación electromagnética y diseñara un instrumento que
consiguiera captarla, habría podido ver que el camino a la comida estaba
iluminado por radiación infrarroja. O si por ejemplo alguien hubiera decidido
secar al sol las hojas de los árboles, habría eliminado la toxina y así
alimentarse de éstas sin tener que ir más lejos. Aún más, el conocimiento a
nivel molecular y de las interacciones entre compuestos habría permitido
extraer la toxina para protegerse de posibles parásitos y así mejorar
enormemente la calidad de vida.
Investigar en pro de la función
es muy loable, sin embargo, el éxito de las metodologías o las teorías, si bien
está relacionada con el funcionamiento de las mismas en la sociedad, se debe a
qué tan cercanas se encuentran éstas de lo real. Aunque los pobladores de la
aldea hipotética quemaran las hojas del árbol tóxico pensando que del humo de
las mismas los espíritus de sus antepasados ahuyentaban la enfermedad, el
beneficio podría ser aún mayor si se conocieran las causas reales por las
cuales este fenómeno ocurría, minimizando a su vez los daños causados por la
inhalación del humo.
Tal vez el mayor problema de los
pragmatistas se encuentra en que hacen un enorme hombre de paja y pelean contra
un concepto de verdad idealista e inmutable. Pero si algo es claro es que lo
real, el mundo que está allá afuera independiente de los sistemas sensoriales,
es mutable. Así, la verdad al ser una representación de lo real (de la cosa en
sí) es también mutable, lo cual la hace provisional pero de ningún modo la hace
subjetiva. Además hay que tener en cuenta que aunque lo real es cambiante, no
todos los elementos que componen este conjunto mudan de la misma forma ni a la
misma velocidad. Así habrá descripciones o representaciones de lo real que, por
representar un ente real de baja mutabilidad, pueden mantenerse validos por
mucho tiempo. Es este el caso de las leyes de la física, de las cuales tenemos
un gran nivel de certeza y que si bien en muchos casos no estén completas, o no
lleguen nunca a representar lo real al 100%, si es posible decir que han ganado
representatividad conforme más elementos de lo real son tenidos en cuenta,
además de la consideración del principio de causalidad, para su formulación.
Quisiera terminar citando un
fragmento de Mario Bunge acerca del relativismo desencadenado por las corrientes
aquí discutidas:
“El rechazo del relativismo no
debería llevar al absolutismo, o sea, la tesis arrogante de que hay cuerpos del
saber perfectos y por lo tanto intocables. El investigador sabe que no lo
sabemos todo, y por esto investiga. Sabe también que mucho de lo que sabemos es
sólo aproximadamente verdadero, y por esto sigue investigando. Es decir, el
investigador es falibilista y al mismo tiempo meliorista. Pero su falibilismo
no llega al punto de negar la diferencia entre el saber, por provisorio que
sea, y la ignorancia.
En resumen, el relativismo es
suicida e inhibe la búsqueda de verdades cada vez más ajustadas a la realidad.
Es tan mal negocio como el absolutismo. La única vacuna eficaz contra ambas
enfermedades es la investigación, ya que quien busque encontrará algo. Aunque
no todo”.
domingo, 11 de mayo de 2014
Esfinge
Encerrado en mi cabeza y en las cuatro paredes de mi cuarto, con un
techo y suelo físicos de los que de uno llegan fantasmas y del otro augurios de muerte. De ambos debo huir… pero estoy inmóvil, arrastrado por una
corriente que me hunde más y más en este pozo de arena en que se ha convertido
mi cama.
Y todos los movimientos que en ella realizo me
convierten poco a poco en una piedra, esa que empieza a molestar en los zapatos
de unos cuantos. Al final, después de tanto daño a esos pies ajenos la solución
es simple, parar de caminar y arrojarla a un lado. Que me arrojen no me
importa, pero sí los pies que habré dañado, los de quienes caminaban conmigo
visualizando un camino soñado. Nunca he sido piedra y en verdad lo estoy
lamentando.
¡Necesito que llueva! ¡Que llueva a cántaros! para
que así la cal que he acumulado se vaya con el agua y yo vuelva a ser humano.
lunes, 5 de mayo de 2014
Asumir las cosas con madurez
Juan Camilo Vizcaíno había decidido poner punto final a su relación,
bueno si es que a eso se le puede llamar así. Había salido a escondidas con Clara
por casi seis meses, seis meses en que la inocente niña, mimada por sus padres
y con un registro escolar impecable, había traicionado a su novio para
divertirse esporádicamente con Juan. Él ya no soportaba más. Se levantó más
temprano que nunca y se fue hasta la esquina de la casa de Clara para esperar a
que ella pasara a las seis como de costumbre.
El cielo estaba gris y las calles mojadas por la lluvia que cayó toda
la noche. Metió las manos en los bolsillos del buzo de algodón y se recostó en la
barda del antejardín de una casa de esas de Teusaquillo, con su característico estilo
inglés. Tenía los dedos de los pies entumecidos de frío al interior de sus
zapatos de cuero negros. Maldijo por lo bajo el no poder llevar puestos sus tenis.
Apenas vio a Clara salir de su casa se fue caminando hacia ella lanzando un
sentido discurso que acompañaba con un dedo acusador.
– ¿Sabes qué odio? – le espetó sin más – Me carcome la ira cuando
pienso en lo cobarde que has sido, siempre escondiendo todo detrás de una
imagen débil e inocente. ¡Morronga de mierda! Ayer caminando encontré los
pedazos de mi foto regados en un parque, tenías que deshacerte de ella antes de
que alguien la encontrara ¿verdad? Tienes que asumir las cosas con madurez! Que se enteren de quien eres, una zorra egoísta... – la miró a los ojos y el corazón se le subió a la garganta palpitando fuera de si – ¡Malparida hijueputa! – el
frío de la mañana marcó con una nube de vaho la penúltima y plosiva sílaba. La palabra retumbó en la calle vacía. Juan
le lanzó una última mirada de desprecio y se fue caminando de prisa para llegar
a la clase de siete.
Abrió la puerta del salón y se fue a su puesto en la esquina posterior
derecha. La profesora comenzó a llamar lista, el era el penúltimo así que se distrajo mirando por la ventana. Se imaginó a Clara volviendo a casa
y encerrándose en el cuarto con su humillación. Nunca había sido tan grosero, tal vez se le hubiera ido la mano pero qué más daba. Estaba tan abrumado por los
nervios y la satisfacción que le había causado gritarle que ni se dio cuenta
que la profesora ya había llegado a su nombre.
– ¡Vizcaíno! – llamó por segunda vez.
– Presente – respondió el.
– ¡Zambrano!
– …
– ¡Zambrano! – la profesora levantó la vista y miró a la derecha de
Juan – Camilo, ¿sabes que ha pasado con Clara?
– Sí, ella no vendrá hoy pues está enferma y se siente mal – respondió
con plena seguridad.
Llamaron a la puerta, la profesora guardó los papeles y atendió.
Estuvo fuera del aula unos segundos y al entrar dijo:
– Vizcaíno, a la rectoría. Rapidito. ¡Dizque enferma!
jueves, 1 de mayo de 2014
Anacronía (Intento 1)
Si fuesen tiempos de dragones y castillos, yo sería tu señor
ese a quien entregas tus días con suma devoción.
Vestida con ropas serviles, danzando al ritmo del tambor
te has convertido en un monigote, cegada por tu propia ilusión.
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